Nos conocimos lejos, en el desfile de lo efímero y las
apariencias. No era mi intención mirarte, pero me fije en vos, vos nunca me
miraste. No sé el color de tus ojos, pero recuerdo sentir que eran profundos.
“No soy de mirar” dijiste, pero tu cuerpo hablaba por tus ojos. Yo dudaba,
desistía, atemorizado por el ridículo y la mirada de los demás, me faltaba la
tuya. Estuve solo, mirándote mientras
bailabas, y al final, te conocí; vi lo que tus ojos no querían mostrar.
Dulce y voraz, sencilla y estremecedora. Nos sentamos en un
banco de madera, donde el viento y el frio conspiraban para acortar nuestro
tiempo. No sentí nada, solo a vos. Éramos nosotros, no había paisaje, ni
tiempo. Hablamos, te abracé. No conocíamos hace horas y sabíamos que al otro
dia ya no nos veríamos más. Vos hablabas mirando a otro lado, yo en vano
buscaba tus ojos, hasta que recordé que no eras de mirar. Me contaste tu vida,
yo la mia, vos con los sueños rotos, yo pensando en vos, en lo raro de todo
esto, nuevo, pero a la vez conocido. “Es normal” me dijiste, yo me reí. Se
hacía tarde, todavía no oscurecía. Tu boca buscó la mia, y mi boca la tuya,
pero tus ojos seguían lejos. Yo no pensaba, solo seguí. Te seguí. “Se me hace
tarde” te dije, “andate” me dijiste. Me quedé un poco más. No quería olvidarte.
De pronto creí entender. No me miraste jamás, no querías ver quien estaba del
otro lado, ahí afuera, queriéndote. No querías que trascendiéramos, te
guardaste tu mirada, y con ella, tu alma. Mejor así, quizá, solo una historia
más, dos nombres separados por el tiempo, unidos por el espacio, recordados por
la ternura.
No
paramos, te abracé. “Sos pegajoso” me dijiste. “El que busca amor busca ser
amado” había dicho mi papá hace algunos días. Ahí todo tenía más sentido. Quizá
yo buscaba algo y vos otra cosa. Quizá no eras real, solo una alucinación, el
delirio de una mente engullida en una desenfrenada cruzada por amar. Quizá por
eso no me miraste a los ojos; vos no jugabas el mismo juego. Llegamos a la
esquina de la plaza, nos despedimos. ”Buena vida” me dijiste, “Vos igual” te
respondí, mientras el entramado de las calles de ese pueblo nos alejaba en
direcciones opuestas. Opuestas como nosotros, pero extrañamente encontradas. Yo
me alejé mirándote, pensando si nuestras contingencias volverían a coincidir.
Vos caminabas, inmutable y hermosa cual cometa que se muestra en el techo
estrellado para quizá, nunca ser visto dos veces en una misma vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario