Viajar y volver. Ortega escribió: “La vida es un viaje, decían
los ascetas, y corriendo la puntería disparaban sus armas como dardos hacia la
eterna posada. ¿Por que decían esto? ¿Por qué elegían ese trozo de la vida –un
viaje- como metáfora sustancial de la vida entera?”. Nunca nada es lo mismo. ¿Lo es acaso el
hogar, tras un viaje? Si la condición del ser es la de devenir, la de cambiar
constantemente ¿Qué mayor cambio que el de viajar, y volver? Quizá de eso se
trate, de viajar y volver, intercambiar, armar, construir con retazos de
experiencias particulares una experiencia colectiva, una realidad colectiva.
Porque ¿Qué es la realidad sino una construcción colectiva? “Pobre Kant, el
nunca supo lo que es viajar” dicen algunos, parpadeando, pero no solo se viaja
con los pies. El ida y vuelta está repetido como constante en varios momentos.
Platón les prohíbe a los que ascienden al mundo de las ideas, lo que digamos,
salen de la caverna, quedarse por mucho tiempo ahí, sino que deben volver para,
junto con sus compañeros que siguen encadenados , mostrarles, contarles, a fin
de cuentas, construir la realidad, o La realidad en este caso. Zaratustra, sube a la montaña, cansado de los hombres,
pero baja, vuelve, comparte, enseña lo que ha aprendido, descubierto. Jesús
baja para volver a subir, y sube para volver a bajar. Estos personajes quizá
quieran enfatizar esto. Y no solo se viaja desde la periferia hacia el centro,
desde el mundo sensible al inteligible, no solo se construye a partir de lo
superior, o se va a un lugar mejor para traer algo al peor y mejorarlo, porque
asi parecería que solo los viajes hacia “lo mejor” sirven, solo esos son
“vida”. Al contrario todo viaje sirve. “Todo camino puede andar, todo puede
andar” dijo un flaco de remera amarilla una vez. “Hoy voy a sentarme en el bar, a viajar,
perdiendo el tiempo yo quiero viajar”
dijo otro, en una ciudad de un puerto sin salida al mar. “Pero si
viajamos para volver ¿Por qué tantos esfuerzos?” dicen los últimos hombres,
parpadeando. “¿Cómo se viaja perdiendo el tiempo?” dicen. “Hemos inventado la
felicidad” dicen los últimos hombres, bostezando.
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