miércoles, 21 de agosto de 2013

Viajar y volver

Viajar y volver.  Ortega escribió: “La vida es un viaje, decían los ascetas, y corriendo la puntería disparaban sus armas como dardos hacia la eterna posada. ¿Por que decían esto? ¿Por qué elegían ese trozo de la vida –un viaje- como metáfora sustancial de la vida entera?”.  Nunca nada es lo mismo. ¿Lo es acaso el hogar, tras un viaje? Si la condición del ser es la de devenir, la de cambiar constantemente ¿Qué mayor cambio que el de viajar, y volver? Quizá de eso se trate, de viajar y volver, intercambiar, armar, construir con retazos de experiencias particulares una experiencia colectiva, una realidad colectiva. Porque ¿Qué es la realidad sino una construcción colectiva? “Pobre Kant, el nunca supo lo que es viajar” dicen algunos, parpadeando, pero no solo se viaja con los pies. El ida y vuelta está repetido como constante en varios momentos. Platón les prohíbe a los que ascienden al mundo de las ideas, lo que digamos, salen de la caverna, quedarse por mucho tiempo ahí, sino que deben volver para, junto con sus compañeros que siguen encadenados , mostrarles, contarles, a fin de cuentas, construir la realidad, o La realidad en este caso. Zaratustra,  sube a la montaña, cansado de los hombres, pero baja, vuelve, comparte, enseña lo que ha aprendido, descubierto. Jesús baja para volver a subir, y sube para volver a bajar. Estos personajes quizá quieran enfatizar esto. Y no solo se viaja desde la periferia hacia el centro, desde el mundo sensible al inteligible, no solo se construye a partir de lo superior, o se va a un lugar mejor para traer algo al peor y mejorarlo, porque asi parecería que solo los viajes hacia “lo mejor” sirven, solo esos son “vida”. Al contrario todo viaje sirve. “Todo camino puede andar, todo puede andar” dijo un flaco de remera amarilla una vez.  “Hoy voy a sentarme en el bar, a viajar, perdiendo el tiempo yo quiero viajar”  dijo otro, en una ciudad de un puerto sin salida al mar. “Pero si viajamos para volver ¿Por qué tantos esfuerzos?” dicen los últimos hombres, parpadeando. “¿Cómo se viaja perdiendo el tiempo?” dicen. “Hemos inventado la felicidad” dicen los últimos hombres, bostezando. 

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